La eficiencia energética se construye desde los cimientos

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Por Gonzalo Ureta, gerente General de COVISA

  • El reciente inicio del III Estudio de Usos de la Energía de los Hogares representa una buena noticia para Chile. Contar con información actualizada sobre cómo consumen energía las familias permitirá orientar de mejor manera las políticas públicas y medir cuánto hemos avanzado en eficiencia energética desde el primer levantamiento realizado hace más de una década. Sin embargo, más allá de las cifras que entregue este estudio, existe una reflexión que no podemos seguir postergando: la eficiencia energética de una vivienda comienza mucho antes de que sus habitantes enciendan una ampolleta o conecten un electrodoméstico.

Chile ha dado pasos importantes hacia una matriz energética más limpia. La incorporación de energías renovables, el desarrollo de nuevas normativas y una creciente conciencia sobre el uso eficiente de la energía demuestran que el país avanza en la dirección correcta. No obstante, alcanzar una verdadera transición energética exige mirar más allá de la generación eléctrica y poner atención en la calidad de la infraestructura que permitirá aprovechar esa energía de manera eficiente y segura.

La construcción tiene un papel protagónico en este desafío. No sólo porque representa alrededor del 6,5% del Producto Interno Bruto y cerca del 8% del empleo nacional, sino porque cada edificio y cada vivienda que se construyen hoy determinarán el comportamiento energético del país durante los próximos 40 o 50 años.

El crecimiento del parque habitacional es una muestra de ello. En 1970, apenas el 7% de los hogares chilenos correspondía a departamentos y ya hace unos años esa cifra alcanza el 17,5%, superando el millón de viviendas bajo este formato. Por tanto, es importante destacar que la mayor densificación de nuestras ciudades obliga a elevar los estándares constructivos y a entender que la eficiencia energética debe ser un criterio presente desde la planificación de cada proyecto.

Aspectos como la orientación de los edificios, la aislación térmica, la ventilación natural, el aprovechamiento de la luz solar y la incorporación de materiales de calidad tienen un impacto directo sobre el consumo energético de una vivienda. Existe, además, un componente muchas veces invisible, pero absolutamente determinante, la infraestructura eléctrica. En un escenario donde aumenta el uso de bombas de calor, cocinas de inducción, sistemas fotovoltaicos, almacenamiento de energía y soluciones de electromovilidad, las instalaciones eléctricas ya no pueden diseñarse pensando únicamente en las necesidades del presente; deben estar preparadas para responder a las exigencias de consumo del futuro.

En este contexto, la elección de los conductores eléctricos deja de ser una decisión exclusivamente técnica para transformarse en una inversión en eficiencia, seguridad y sostenibilidad. Utilizar conductores certificados, fabricados con materias primas de alta calidad y correctamente dimensionados permite reducir pérdidas de energía durante la conducción eléctrica, optimizar el rendimiento de las instalaciones y disminuir riesgos asociados al sobrecalentamiento o fallas eléctricas. Son componentes que permanecen ocultos detrás de los muros, pero cuya calidad influye diariamente en el desempeño de toda la infraestructura.

Por lo general, la conversación sobre construcción sostenible se concentra en tecnologías visibles, mientras que elementos esenciales para el funcionamiento de una vivienda pasan inadvertidos. Sin embargo, construir con mejores materiales no sólo mejora la eficiencia energética, sino que también incrementa la seguridad de las personas, prolonga la vida útil de las instalaciones y reduce la necesidad de futuras intervenciones, aportando al desarrollo de edificaciones más resilientes y sostenibles.

La información que entregue el III Estudio de Usos de la Energía de los Hogares será un insumo relevante para orientar ese camino. Pero el verdadero cambio ocurrirá cuando comprendamos que la eficiencia energética no depende únicamente de cómo consumimos la energía, sino también de cómo construimos los espacios donde la utilizaremos durante las próximas décadas. Porque una vivienda eficiente no se improvisa, se diseña, se planifica y se construye con visión de futuro.

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