2 de Enero de 2026
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Para Ignacio Toro, gerente ambiental de Albemarle en Chile, la vista desde su casa de infancia lo decía todo: montañas a un lado, el horizonte de Santiago al otro. Forjó una convicción que aún lo guía hoy: que la naturaleza y el desarrollo no están en conflicto, sino que pueden crecer juntos.

“Nunca vi la naturaleza y el desarrollo como opuestos”, dice Toro. “Desde muy joven creí que podían —y debían— coexistir”. 

Esa mentalidad ha guiado una carrera que abarca el mundo académico, las organizaciones sin fines de lucro, el gobierno y, ahora, la industria global. En cada puesto, la misión de Toro ha sido clara: construir proyectos sostenibles que generen valor para las personas, las comunidades y el planeta.

Cuando era director ejecutivo del Servicio de Evaluación Ambiental de Chile, Toro contribuyó a establecer el marco de consulta indígena del país dentro del marco de la normativa nacional de evaluación de impacto ambiental, vigente hasta la fecha. Involucró al presidente, ministros, líderes indígenas y expertos internacionales, contribuyendo a conectar sus diversas perspectivas. Su capacidad de escucha atenta, anticipar los puntos de fricción y liderar con empatía resolvió conflictos de larga data y facilitó un desarrollo con menos barreras y mayor confianza.

En Albemarle, Toro aplica su mentalidad colaborativa a uno de los proyectos más ambiciosos de la compañía: un proyecto de litio de última generación en el Salar de Atacama, el salar más grande del país. La compañía está implementando un proyecto piloto de Extracción Directa de Litio (DLE), una tecnología que extrae litio de la salmuera y permite luego devolver la salmuera usada al salar, a la vez que aumenta la producción de forma flexible y escalable.

“La humildad crea espacio para escuchar, aprender y crecer. Es donde comienza el verdadero liderazgo.”

Para Toro, es más que eficiencia operativa: es una prueba de que la innovación puede ir de la mano con la responsabilidad.

Sin embargo, el éxito requiere más que un buen diseño. Requiere transparencia, confianza y flexibilidad para adaptarse a la aparición de nuevos datos. Al colaborar con investigadores e involucrar desde el principio a las partes interesadas del gobierno y la comunidad, Toro y su equipo avanzan con celeridad para obtener el permiso ambiental requerido. Detrás de la ciencia y la estrategia se esconde una motivación más profunda. 

Lo que atrajo a Toro a Albemarle no fue solo la magnitud del desafío, sino también las personas que lo respaldaban. En las primeras conversaciones, preguntó a los líderes por qué eligieron Albemarle. Sus respuestas, basadas en un propósito, no solo en el lucro, confirmaron que este era el lugar ideal para él. Un valor en particular destacó: la humildad.

“Muchas empresas hablan de colaboración o seguridad, pero nunca he trabajado en ningún otro lugar donde la humildad sea un valor fundamental”, afirma. “Es poderosa. La humildad crea espacio para escuchar, aprender y crecer. Es donde empieza el verdadero liderazgo”.

Fuera de la oficina, Toro disfruta de la carpintería, esquiar con su hija y asistir a conciertos de música clásica; actividades que le recuerdan que debe cuidarse para poder servir mejor a los demás. Un colega le dijo una vez: «Me cuido porque mi familia es lo más importante para mí». Esa filosofía ahora define tanto su vida personal como su liderazgo.

Es el mismo consejo que ofrece a la próxima generación de profesionales del medio ambiente: dejen que sus valores guíen su trabajo.

“Cuando tu trabajo se alinea con tus valores fundamentales, es cuando los demás creen en ti”, dice. “Es entonces cuando aparecen las soluciones”.